El crímen de la introversión

El crimen

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Hace ya varias semanas, uno de mis contactos de Likedin solicitó públicamente que no le enviaran mensajes de felicitación por su aniversario en el trabajo (notificación usual de esta red social). Indicaba que el mensaje genérico, unido a los muchos contactos que tiene, se vuelve una distracción no apreciada.

En respuesta a su cándida sinceridad recibió insultos, públicos y supongo que también privados, que terminaban en solicitudes de ser bloqueados, estas personas no querían tener contacto con alguien tan insensible. Mi interpretación del hecho: este hombre ha sido condenado, en redes sociales, por ser introvertido, eficiente, práctico y por no avergonzarse de ello.

Al ver este mensaje, me sentí identificada. Por la misma razón que argumenta este hombre,  oculté la fecha de mi cumpleaños de mis redes sociales. Los múltiples mensajes genéricos de personas que no son cercanas, no significan mucho. Y cuando llegan en grandes volúmenes, se hacen además un poco odiosos. Pedir que se limiten las interacciones a aquellas que son significativas o deseadas, es algo que también he hecho y por lo que he sido penalizada.

Mi caso

Durante el último año fui socialmente penalizada por pedirle, con honestidad casi infantil, a una compañera de trabajo que limitara sus interacciones a temas de trabajo, pues “hacer visita” no es algo que disfruto en la oficina, especialmente cuando me es impuesto.

Esto, según me explicaron luego, se considera terriblemente ofensivo. Me indicaron que lo que debía haber hecho es sonreir y no responder a sus preguntas o intentos de crear conversación, hasta que en algún momento ella entendiera el mensaje (no dicho claramente) de que yo no quería hablar. Así mismo me explicaron, es ofensivo pedir en una red social, a alguien que no te conoce personalmente, que no te felicite. Pedir que se limite la interacción, de forma explícita, no se considera adecuado socialmente.

Ser introvertido

Cuando reviso la literatura, encuentro numerosas referencias a que se clasifica el 40% de la población como introvertida. La introversión no es timidez, ni falta de seguridad. Simplemente describe a personas que tiene tantas interacciones con sí mismos, y está tan interesado con lo que pasa en su propio mundo, que no requiere de mucha interacción con el mundo exterior.

También encuentro que numerosos artículos y libros sobre el tema nos recomienda fingir que no somos introvertidos. Debemos saludar, fingir que nos importa el small talk y escondernos en situaciones sociales que no podemos manejar pues es muy importante ocultar que somos introvertidos. Es importante que no hagamos nada “de introvertidos” en público.

Leer esto me recuerda la literatura de los años 50 en que se recomendaba a las mujeres cómo comportarse, y muy especialmente, que ocultaran si eran inteligentes, capaces o independientes. Ninguno de estos comportamientos era socialmente aceptado entonces.

No es completamente aceptado hoy, ni bien visto que las mujeres sean muy inteligentes o muy independientes. Pero se ha avanzado mucho, y hoy a pesar de que existe el techo de cristal, una mujer puede llegar a liderar y más importante, a decidir cómo quiere vivir su vida.

Introvertidos, ¡unidos!

Introvertidos Unidos

En abierta rebeldía a mi situación de discriminación por ser introvertida, en el trabajo no presto atención al small talk y no saludo a las personas que realmente no quiero saludar. Saludo a las personas que alegra ver y les pregunto con verdadero interés, cómo están. Pero si no quiero saber como están, no pregunto. Simplemente. Espero que el movimiento de liberación de los introvertidos se inicie pronto, y nos permita a todos los introvertidos salir del closet. Confío en que algún día, los introvertidos unidos, tendremos derecho a no contar que hicimos el fin de semana o que almorzamos ayer.

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